

La embarazada fumadora o que está expuesta al humo del tabaco en el hogar o en el trabajo como fumadora pasiva, asume mayores riesgos para la salud de su futuro bebé que aquellas mujeres que viven en ambientes libres del humo del tabaco. Está científicamente demostrado que el humo del tabaco tiene numerosos efectos adversos para la salud del feto, llegando incluso a poner el riesgo la vida por venir.
Durante el embarazo, la madre provee al feto del oxígeno y los nutrientes necesarios para su desarrollo a través de la placenta y el cordón umbilical, por lo que si la madre está expuesta al humo del tabaco el feto también lo está. El humo del tabaco contiene más de 4.000 sustancias químicas en forma de partículas y gases, la gran mayoría tóxicas y 69 de ellas cancerígenas.
Está demostrado que el humo del tabaco produce numerosos efectos adversos en el feto y aumenta notablemente los riesgos de malformaciones congénitas y complicaciones durante el embarazo.
Entre los efectos de la exposición del feto al humo del tabaco se encuentran los siguientes.
Si la mujer es fumadora, debe dejar el cigarrillo desde el mismo momento en que se decide a ser madre. Además de favorecer la salud de su futuro bebé, es una excelente oportunidad para que la madre abandone este hábito nocivo que también repercute negativamente en su salud.
De la misma forma, es muy importante que el ambiente familiar esté libre de humo del tabaco, por lo que si el padre también fuma es importante que deje también el cigarrillo o que al menos no lo haga delante de la madre ni dentro del hogar para evitar contaminar el ambiente.